Anarcofeminismo-Anarcosindicalismo

Desenmascarando al hombre bueno. Palabras de una compañera militante.

Intento escribir un artículo  donde poder definir la relación hombre
bueno, hombre malo en las relaciones mixtas.  Intento escribir de
forma culta e inteligente: no vale la pena. No hay que volverse
intelectual para comprender cómo el hombre no ha perdido en absoluto
su estatus social ni su ascendente sobre la mujer, simplemente lo ha
ido cambiando de sitio. Dejemos de jugar a  Dónde está Wally para
jugar a Dónde está el Hombre. El Hombre con mayúscula, porque sigue
siendo él quien desempeña una parte activa en su totalidad, mientras
la mujer no ha abandonado totalmente su lugar en la pasividad y en la
alteridad.
Tomemos como evidencia la existencia del hombre bueno, lo cual implica
la existencia del hombre malo. El hombre bueno goza de un lugar en
grupos de mujeres, a veces es él el único representante de su género,
elevando de esa manera su estima social. De nuevo nos encontramos con
el hombre desplegando su capacidad para ser, para actuar,
convirtiéndose en femenino bajo la aprobación sin dudas de las mujeres
del grupo en el cual se sustenta. Sostenido por la asertación pasiva
de las mujeres, temerosas, incluso, de incurrir en radicalismos o en
vete a saber qué en caso de dudar, de cuestionar siquiera la
honestidad del hombre bueno.  Gracias a este lugar, que considera
merecido por derecho propio, el podrá ejercitar, preferiblemente fuera
de ese grupo, tantos comportamientos machistas como desee poniéndose
del lado, incluso defendiendo, al hombre malo. Porque él ya ha ganado
valedoras, ya ha conseguido mujeres que le ayudarán a silenciar a la
mujer mala, al blanco de su machismo, a la rebelde ante su actitud, a
la mujer que le cuestiona y que, sin dejarse coaccionar por su prestigio,
se enfrenta a su protegido: el hombre malo, el cual no es sino su mitad.
 De este modo, las mujeres acaban defendiendo al Hombre de la mujer
culpable, sin importar si ésta ha sufrido humillación y/o amenazas:
Las mujeres que acogen al hombre bueno aceptan de antemano cuáles han
de ser los límites para desarrollar la acción y trascender. De nuevo
la mujer que se niega a ser la otra, la alteridad, es culpabilizada.
Si bien no puede ser culpabilizada a la manera de un pasado más
presente de lo que se quiere reconocer, lo será cubriéndola de un
manto de silencio. No, no un manto; el muro de Bane cae sobre ella sin
compañeras que le jaleen para conseguir escalarlo. Ella, La otra, la
alteridad inesencial, a quien como a todos los culpables
el silencio convierte en inequívoca su falta y en consecuencia su
necesidad de expiación, callando, nuevamente, como antaño, no
encontrará más salida que la de convertirse en héroe para continuar
viviendo. En trascender la inmanencia a la que es condenada. Ni el
mismo Bane tuvo que escalar nunca semejante muro para ser escuchado,
para poder contar la realidad, para desenmascarar a los manipuladores de culpas.
No apoyemos la figura del hombre bueno. Un hombre, si es un igual, no
puede nuevamente gozar de un trato de favor por encima de nosotras
mismas. No obliguemos a  otras mujeres a callar por defender el
estatus de nadie. No nos sintamos culpables nosotras mismas de no
callar y de exigir.
De actuar.

Huelga feminista 2019. Nuestra visión.